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jueves, 20 de octubre de 2016

DEL AMOR A LA MUERTE EN 6 POESÍAS DE ALFONSINA STORNI

Sabemos que el amor es ese bien que todos deseamos poseer, aun sin poder definirlo.
Es eso que nos lleva a cometer locuras; que está en el aire siempre flotando, pero que a veces, nos juega malas pasadas.
A La Espera, Triste, Drama, Puesta De Sol, Tristeza
Quién de nosotros puede decir que nunca se dejó llevar por esas mariposas en el estómago, solo para descubrir que, como insectos que son, se hacen efímeras… y así, nos dejan enterrados en un descolorido cementerio de recuerdos, hasta que florece un nuevo amor.
Justamente, de este ir y venir de amores y desamores, junto con una temática feminista y profunda, trata la obra de Alfonsina Storni.
Esta poetiza de carácter singular también se dejó arrastrar por la pasión y el desenfreno de un amor sin ley.
Dos Palabras
Esta noche al oído me has dicho dos palabras
comunes. Dos palabras cansadas
de ser dichas. Palabras
que de viejas son nuevas.

Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
filtrando entre las ramas
se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
moverme para echarla.

Tan dulces dos palabras
¿Qué digo sin quererlo? ¡Oh, que bella, la vida!
Tan dulces y tan mansas
que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.

Tan dulces y tan bellas
que nerviosos, mis dedos,
se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
cortar estrellas.

Sin embargo, la luz cegadora de a poco se extingue y la realidad se presenta para dejar la primera cicatriz en nuestra alma.
Lo inalcanzable
No tienes tú la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
Vendrá la primavera y habrá flores…
El tronco seco dará nuevas hojas.

Las lágrimas vertidas se harán perlas
de un collar nuevo, romperá la sombra
un sol precioso que dará a las venas
la savia fresca, loca y bullidora.

Tú seguirás tu ruta; yo la mía
y ambos, libertos, como mariposas
perderemos el polen de las alas
y hallaremos más polen en la flora.

Las palabras se secan como ríos
y los besos se secan como rosas,
pero por cada muerte siete vidas
buscan los labios demandando aurora.

Mas… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!
¡Y toda primavera que se esboza
es un cadáver más que adquiere vida
y es un capullo más que se deshoja!

Y tal vez, sólo cuando nos cansamos de sufrir y dejamos ir eso que tanto mal nos causó, encontramos otra razón para volver a creer.
Esta tarde.
Ahora quiero amar algo lejano…
Algún hombre divino
que sea como un ave por lo dulce,
que haya habido mujeres infinitas
y sepa de otras tierras, y florezca
la palabra en sus labios perfumada:
suerte de selva virgen bajo el viento…

Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
blanda y tranquila como espeso musgo,
tiembla mi boca y mis dedos finos,
se deshacen mis trenzas poco a poco.

Siento un vago rumor… Toda la tierra
está cantando dulcemente… Lejos
los bosques se han cargado de corolas,
desbordan los arroyos de sus cauces
y las aguas se filtran en la tierra
así como mis ojos en los ojos
que estoy soñando embelesada…

Pero
Ya está bajando el sol de los montes,
las aves se acurrucan en sus nidos,
la tarde ha de morir y él está lejos…
Lejos como este sol que para nunca
se marcha y se abandona, con las manos
hundidas en las trenzas, con la boca
húmeda y temblorosa, con el alma
sutilizada, ardida en la esperanza
de este amor infinito que me vuelve
dulce y hermosa.

Plenitud en su máximo esplendor si descubres que la rosa más bella y delicada es la que tiene las más gruesas espinas.
Melancolía, vulnerabilidad y dolor si nuevamente el desamor te acompaña hasta la cama.
Y que decir si, como a Alfonsina Storni, por tu pasado te rechazan….
Tú me quieres blanca
Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue,
corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.

Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no se todavía
por cuales milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone)
me pretendes casta
(Dios te lo perdone)
¡me pretendes alba!

Huye hacia a los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:

Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

Puede que tú lo vuelvas a intentar una y mil veces, buscando la respuesta a esa pregunta, que a fin de cuentas, nadie sabe explicar.  Y pases tus días y tus noches en los brazos cálidos del amor o en la pesada tibieza de los recuerdos, mientras el ocaso de a poco llega.
La caricia perdida
Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos… En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
que la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Puedes amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará…rodará…

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece a las ramas un dulce suspirar,
Si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tiene como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

A ciencia cierta ninguno de nosotros sabemos que juego nos tocará travesear con el amor, mas sí sabemos que Alfonsina Storni buscó en el fondo del mar la respuesta que nunca encontró en la vida.

La Literatura, Corazón Roto, Pluma Y Tinta, Mano
Voy a dormir
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,

tenme prestas las sabanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides… Gracias.


Ah! Un encargo:
Si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.

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